Para ti, que compartes conmigo este trayecto.

viernes, 11 de marzo de 2011

Hoy.



Foto: Black&White


Hoy conocí a Diego.
Hoy amanecimos con la terrible noticia de la tragedia en Japón.
Hoy me despedí de grandes compañeros de trabajo.

Vida. Muerte. Ciclos.

Diego es mi séptimo sobrino, el segundo hijo de mi hermano Daniel. Un rayito de luz para la familia que lo recibe llena de amor y lo arropa con estrellas. Después de la gran alegría que nos significa su llegada, pienso cómo en medio de tanta muerte, hay vida; cómo a pesar de que se cierran ciclos queda siempre camino. Pienso en mi padre.

Mi vida ha estado marcada de cambios, de llegadas y despedidas. He tenido la fortuna de vivir en distintos lugares. En principio, por cuestiones familiares, después por decisiones personales y, desde hace algunos años, por situaciones profesionales.

Cada etapa ha significado retos que se traducen en aprendizaje. He transitado por grandes ciudades, he recorrido pueblos pequeños, me he maravillado de las bondades del mar y me he apropiado de la sierra y las montañas. He aprendido a lidiar con la distancia, a respetar lo distinto y a valorar lo que me es suficiente.

El privilegio de convivir con personas de otras culturas, de creencias ajenas, de modos de vida diferentes, me ha enriquecido enormemente. La capacidad de adaptación ha sido una constante y una lección de vida.

Quizá una de esas lecciones, de las más valiosas, ha sido trabajar con los apegos, entender los desprendimientos, a veces físicos, a veces emocionales y otras tantas materiales. A reconocer que, afortunadamente, lo que soy, no lo determina un trabajo, una persona y mucho menos un contexto.  Soy la suma de mis esfuerzos cotidianos, de lo que aprendo y comparto, de los valores que me sostienen y de los afectos y pasiones por los que peleo sin cesar.

Hoy se cierra un ciclo laboral y me alisto para emprender nuevas rutas. Mi maleta va cargada de agradecimiento y gozo. Me anima saber que mi casa la llevo a cuestas, que mi hogar siempre será mi memoria, los brazos de las personas que amo y, por supuesto, cualquier lugar junto a mi compañero de asiento.




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